COMUNICADO DE DIEGO CARANTON: CASO PUBLICACION DE UNA NUEVA ESPECIE DE GRALLARIA PARA COLOMBIA


30 de marzo del 2011

La comunidad ornitológica colombiana e internacional ha conocido varios aspectos relacionados con la descripción de la nueva especie de Grallaria del Páramo de Frontino que yo descubrí en la Reserva Colibrí del Sol, propiedad de la Fundación ProAves, ubicada en el municipio de Urrao, Antioquia. Muchos detalles han sido contados en los editoriales y comunicados, pero debo precisar algunos puntos, por la manera en que ProAves ha mostrado la información.

Una de las principales acusaciones de ProAves en mi contra es que yo no informé de la colección de ejemplares ni del hallazgo de la nueva especie en su reserva. Yo no estimé conveniente comunicar de forma apresurada el hallazgo de la nueva especie antes de tener certeza al respecto, por lo cual esperé para obtener suficiente información.

Sin embargo, en octubre del 2008 ProAves se enteró que dos individuos fueron colectados. Inmediatamente di las explicaciones pertinentes en una reunión virtual con varios miembros de ProAves, incluyendo a su directora Ejecutiva Sara Lara, al director de investigaciones Andrés Páez, al representante del consejo Paul Salaman y al asistente de dirección Ejecutiva David Caro. Recalqué que no se tenía certeza de que se tratara de una nueva especie y les comuniqué que mi intención era la de informarles si era o no una nueva especie cuando estuviera seguro de ello para luego proceder con la elaboración de un manuscrito con el apoyo de la Fundación. En esa reunión se acordó que yo coordinaría el proceso de consecución de información y que de ahí en adelante ProAves debería ser informada de todos los avances. En esa reunión también informé que Katherine Certuche estaba realizando aportes y que Daniel Cadena apoyaría la parte molecular, lo cual fue avalado por ProAves. ProAves indicó que era necesario contar con mayor participación de miembros de la Fundación, y por tanto el presidente Alonso Quevedo y Andrés Páez entrarían a colaborar directamente en lo que se requiriera.

Poco después de la reunión, Alonso Quevedo visitó la Reserva Colibrí del Sol. Desde el año 2005, ningún miembro directivo de ProAves había visitado la zona, a pesar que en varias ocasiones solicité su apoyo directo frente a algunas situaciones administrativas. Quevedo aprovechó para revisar todos mis avances, actividades y logros en la zona. Por supuesto, le indiqué dónde se había registrado la especie, le proporcioné grabaciones de vocalizaciones y capturamos un individuo. En ese momento, él sugirió que podría tratarse de una nueva población de Grallaria milleri, ratificando que el estatus no estaba claro. Aunque Quevedo apuntó que pensáramos en nombrar el nuevo taxón homenajeando a George Fenwick como una estrategia de conservación, yo le expresé mi opinión de que dedicar el nombre a la población de Urrao despertaría una mayor apropiación de la comunidad, traduciéndose en medidas locales de protección. Después de la visita de Quevedo, entregué un documento base con toda la información disponible sobre la especie. La Fundación en ningún momento expreso nada sobre la ilegalidad de los especímenes y yo les comunique que las colectas estaban amparadas por el permiso de investigación de la zona.

El 31 de diciembre de 2008, como estaba estipulado y por mutuo acuerdo, finalizó mi contrato con ProAves. Esto se hizo en buenos términos, sin ningún llamado de atención o memorando durante todo el tiempo laborado y cumpliendo con los paz y salvos requeridos. Específicamente, yo entregué a ProAves toda la información de la nueva especie que obtuve, incluyendo datos de capturas, fotografías e informes. Además, entregué los formatos de campo mensuales, fotografías del ave y un polluelo, una de las cuales fue publicada por parte de ProAves en su descripción en 2010.

A partir de enero del 2009 se pudo continuar de lleno con la descripción de los ejemplares, redacción del manuscrito y revisión de bibliografía. En este proceso fue muy valiosa la participación de Katherine con la información que recopiló, y de Daniel Cadena con sus aportes sobre afinidades taxonómicas. A finales de febrero del 2009, ProAves comunicó que no entregaría sus aportes hasta que quedaran claros algunos puntos relacionados con los autores, y la revista donde se publicaría y desde ese momento el ambiente se tornó hostil.

Resalté que estas decisiones debían ser tomadas por todos los partícipes en el proceso y como respuesta a esto Sara Inés Lara me envió el 25 de febrero la primera de varias cartas amenazantes donde indicaba que sin la autorización de ProAves yo no podía publicar o de lo contrario iniciarían acciones judiciales en mí contra. A pesar de esto, insistí que debíamos llegar a un acuerdo y empezamos las conversaciones con participación de Daniel Cadena.

¿Por qué no fue posible llegar a un acuerdo con ProAves? La posición de la fundación nunca fue la de colaborar con la publicación para ser tenidos en cuenta como autores. En cambio, en nuestras discusiones, ellos se centraron en asuntos como ¿Cuál será el nombre de la especie? ¿Quiénes serán los autores de la publicación? ¿Cuál será el orden de los autores? ¿Dónde se publicará el artículo? ¿Quién va a manejar las comunicaciones con la revista?. Estas preguntas después se convirtieron en absurdas exigencias. Primero, exigieron que Katherine Certuche no fuera incluida como autora y que los únicos autores fuéramos Diego Carantón y Alonso Quevedo, o que si se incluía a Katherine el orden debía ser Quevedo, Carantón y Certuche porque de esta manera el artículo se citaría como Quevedo et al. Sus exigencias se fundamentaban en que yo no hacía parte de ProAves, por lo que no podía representar a la Fundación como lo haría un miembro directivo. Ellos sugirieron que Daniel Cadena no fuera uno de los autores pero que sí incluyéramos los datos de filogenia que él estaba generando. Para facilitar las cosas, accedí a que cualquier persona que ellos consideraran que debía ser autor de la publicación lo fuera, pero dejé claro que no iba a excluir a aquellas que realizaron aportes y trabajaron en el manuscrito; y menos utilizar sin autorización la información que ellos aportaron.

Las alternativas propuestas por ProAves de ahí en adelante empezaron a ser más ilógicas y antiéticas, con la premisa que el número de personas asociadas con ProAves debía ser mayoría, para lo cual indicaron que Sara Lara, quien tampoco había realizado ningún aporte al documento, debía también ser coautora como Quevedo y Páez. Debo resaltar que el señor Páez nunca estuvo de acuerdo en ir en la publicación, pero los miembros directivos consideraban que él, como Director de Investigaciones, debía hacerlo como una obligación laboral. Luego vinieron exigencias absurdas como que Katherine Certuche debía aparecer con la dirección institucional de la Fundación ProAves a pesar de nunca haber trabajado para ellos, que el artículo debía salir en la revista Conservación Colombiana y que las comunicaciones con la revista (una vez desistieron de publicar en Conservación Colombiana) debían ser manejadas por Alonso Quevedo únicamente. Finalmente, quisieron imponer la siguiente clausula en cualquier acuerdo al que llegáramos: "LA FUNDACION, podrá en cualquier tiempo, aclarar, modificar, ampliar, complementar el artículo y publicarlo bajo sus propios lineamientos, sin que para ello, requiera de permiso, consulta, o consentimiento de CARANTON, y CERTHUCHE" (sic).

El largo proceso de intentos fallidos para llegar a un acuerdo se extendió entre febrero y julio del 2009. En este período, Katherine Certuche, Daniel Cadena y yo planteamos varias propuestas de acuerdo que no fueron aceptadas por ProAves. Daniel Cadena también planteó la opción de contar con un comité evaluador externo que ayudara a resolver el problema, a lo que ProAves se opuso. En vista de que el trabajo no estaba avanzando mientras se daban las discusiones, para ese momento Katherine Certuche y yo empezamos a adelantar los aspectos de los que debía encargarse ProAves y Daniel Cadena realizó la traducción del manuscrito al inglés. Sin embargo, Cadena decidió retirarse del proceso al enterarse que Quevedo estaba distorsionando su participación de forma deshonesta. Aunque Katherine y yo seguimos con las conversaciones, la esperanza de lograr un acuerdo se esfumaba porque ProAves mantenía varios puntos que no era posible negociar, entre ellos el de la clausula que les daba total libertad de modificar el manuscrito sin nuestra autorización. Por lo tanto, el 12 de junio Katherine y yo enviamos una propuesta final de acuerdo a la junta directiva de ProAves. La junta mantuvo la misma posición de mantener la clausula.

Para septiembre del 2009, ante las negativas de ProAves, Katherine y yo tomamos la difícil decisión de publicar por nuestra parte. Al hacerlo, también reconsideramos el nombre de la nueva especie, pues conocimos acerca de la posición radical de George Fenwick sobre las colecciones de aves, la cual no compartimos. Además, consideramos que sería una mejor estrategia de conservación hacerle un reconocimiento a la población de Urrao. Enviamos el manuscrito a The Condor con la idea de que yo publicaría con dirección de ProAves, reconociendo la parte del trabajo que se realizó cuando tenía mi vínculo laboral con ellos. Considerando que ProAves y la Asociación Colombiana de Ornitología han presentado versiones diferentes sobre qué sucedió con The Condor, junto con este comunicado estoy dando a conocer una carta del editor Michael Patten, quien describe la posición oficial de esta revista sobre los acontecimientos. Carta de The Condor en PDF - Read the Condor's letter

En enero del 2010, Katherine y yo enviamos a Ornitología Colombiana el mismo artículo que se había presentado a The Condor. Al hacerlo, adjuntamos una carta en la que explicamos los pormenores del proceso, referenciamos el permiso de investigación, aclaramos que el nombre de ProAves no se estaba viendo afectado sino que estaba siendo exaltado y excluimos a la revista de cualquier responsabilidad ante reclamaciones que se pudieran dar más adelante. La revista Ornitología Colombiana aceptó nuestra descripción para publicación el 6 de mayo de 2010 y la publicó en el número 9 de su revista el 24 de junio de ese año acompañado de un editorial firmado por los profesores Daniel Cadena y Gary Stiles. Aprovecho para confirmar que toda la información contenida en ese editorial es veraz.

En mayo del 2010 salió publicado el artículo de Barrera, Bartels y ProAves (curiosamente Quevedo y Lara aparentemente desistieron de ser autores), que indica que capturaron un individuo el 11 de enero de 2010 y que desde ese día hasta el 2 de febrero realizaron las actividades de campo. Así, mientras una de las descripciones estaba siendo sometida a evaluación por una revista, la otra estaba en su fase de toma de datos. El proceso de aceptación de la descripción de Barrera et al. por parte de Conservación Colombiana fue extremadamente rápido, lo que sugiere que el comité editorial de esta revista podría haber agilizado el proceso para que el artículo se publicara primero que el nuestro. Además, es evidente que Conservación Colombiana adelantó la publicación del número 13 (donde apareció su descripción) para mayo de 2010, mientras que Conservación Colombiana 12 fue publicada mucho más tarde, en agosto del 2010.

Uno de los argumentos principales de ProAves en mi contra, que han usado para justificar su proceder, tiene que ver con los permisos de colección de especímenes. Como coordinador de ProAves, yo mismo gestioné el permiso de investigación científica para la reserva Colibrí del Sol, otorgado por CORPOURABA el 15 de julio del 2006 con una vigencia de dos años (resolución 03-02-02-001043). Este permiso estipulaba capturar, anillar y colectar aves cuando fuera necesario, y permitía la movilización de especímenes para que reposaran en una colección científica avalada por el Instituto Alexander von Humboldt. Las colecciones de los especímenes de Grallaria y el depósito de éstos en el lnstituto de Ciencias Naturales el 29 de mayo del 2008 se realizaron dentro del tiempo de vigencia del permiso. Si para ProAves este permiso de investigación no era válido, entonces no queda claro porque Barrera et al. citan el mismo permiso en su descripción ya que éste tenía vigencia sólo de dos años y no había sido prorrogado.

Aún no he sido notificado de manera oficial de la sanción impuesta por CORPOURABA, que ProAves ha divulgado ampliamente. En relación con esta sanción, es importante decir que ProAves interpuso una queja en la cual denunció la colección de especímenes en noviembre de 2009, cuando conocían de las mismas hacía más de un año. A raíz de esto, presenté copia del permiso y del depósito de los ejemplares en el ICN y esta parte aparentemente se aclaró. Sin embargo, ProAves luego me acusó de tener los especímenes en mi poder cuando éstos ya estaban en el museo (cosa que ellos conocían, como lo prueban las fotografías que ellos publicaron), de haber hecho las colecciones fuera del tiempo cobijado por el permiso y de no haber informado sobre éstas de manera adecuada a la corporación. ProAves argumentó que sólo conoció de las colecciones cuando yo ya no estaba vinculado y por eso no informó sobre éstas, lo cual es evidentemente falso. Además, necesitó más de un año y de la asesoría de un abogado para demostrar que el no haber informado a tiempo a CORPOURABA fue una falta sólo mía, cuando ellos también debían haberlo hecho. Aunque los especímenes sí fueron obtenidos legalmente, el hecho de no haber informado a tiempo le dio pie a CORPOURABA para sancionar a ProAves. La Fundación ha dicho en varios ámbitos que la sanción de ProAves la obliga a pagar una suma alta de dinero, pero no explicó que, en realidad, la sanción es de tipo solidaria “puede ser compensada con actividades de protección, conservación y educación ambiental" en sitios de interés público o en áreas de conservación donde se encuentra la nueva especie de Grallaria. Curiosamente, en la resolución de sanción CORPOURABA no explicó por qué los especímenes debían ser trasladados de la colección donde, según el mismo permiso, deberían reposar.

A manera de reflexión final, debo decir que yo realicé el proceso de descripción de la nueva especie para demostrarme que podía liderar y realizar este trabajo de la mejor manera y con el fin de favorecer los procesos de conservación de la reserva donde trabajaba. Creí conocer a los directivos de ProAves y que sus acciones estaban enfocadas sólo en cumplir sus objetivos de conservación, pero ellos me demostraron que no es así. ¿Acaso el trabajar por la conservación nos permite que se desconozcan, vulneren, o atropellen los derechos y puntos de vista de los demás? Considero que no se puede dar por hecho que por firmar un contrato laboral el empleado renuncia a su criterio personal y a los valores y principios que tiene como individuo. Decir “no estoy de acuerdo, no me parece correcto” no debe conducir a que un empleado se convierta en el objetivo de una cacería de brujas. Hay que asumir responsabilidades por nuestros actos y ProAves no debe tratar de buscar culpables para sus propios errores. Si la imagen de ProAves se ha visto afectada y algunos de sus miembros han renunciado por la forma en que ellos mismos manejaron este asunto, esa es una responsabilidad que tiene la fundación directamente y que debería asumir.

ProAves y sus donantes deben reflexionar. La conservación que tanto publicitan no es realizada sólo por quienes hacen lobby en las embajadas y ante los patrocinadores, sino que detrás de aquellos que quieren sobresalir y figurar hay mucha gente. Los coordinadores y guardabosques de reservas (como lo fui yo), trabajan con mucho esfuerzo enfrentando situaciones difíciles de orden público, condiciones extremas de clima, peligros en el campo, jornadas largas de trabajo, etc., por lo cual también merecen el reconocimiento por lo que hacen. La necesidad de buscar fondos y crear alianzas nunca puede estar por encima de aquellos que están en el día a día en el campo y que quieren trabajar por ser cada día mejores en lo que hacen.

Finalmente, quiero dar mis agradecimientos a las personas que me han mostrado su apoyo en este proceso y han expresado sus opiniones en los diferentes foros. Especialmente quiero agradecer a todos los miembros de la ACO, principalmente a Daniel Cadena y Gary Stiles, por su ayuda incondicional, por permitir y facilitar la difusión de muchos trabajos, no solo de ornitólogos con reconocimiento, sino también de aquellos que, como yo, estamos empezando, ese es el papel que deberían jugar todos los grupos, fundaciones y gremios ornitológicos en Colombia y a nivel internacional.

DIEGO ANDRES CARANTÓN AYALA
caranton2ATyahoo.com.ar

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